Al estilo de los apóstoles

Propuestas básicas  para la renovación sacerdotal en nuestro postconcilio

JUAN ESQUERDA BIFET

 

Hay directrices conciliares y postconciliares del Vaticano II, que no son principalmente normas jurídicas, sino realidades de gracia, y que tal vez no se han llegado a captar ni a poner en práctica suficientemente. Señalo las siguientes: la formación inicial y permanentemente como intimidad y amistad con Cristo, la espiritualidad sacerdotal evangélica al estilo de los Apóstoles (caridad pastoral y radicalismo evangélico), la comunión familiar en el propio Presbiterio y con el propio obispo (con un propio proyecto de vida), el amor a la Iglesia (particular y universal) en su dimensión mariana y disponibilidad misionera, etc.

 

El sacerdote (y el futuro sacerdote) necesita encontrar el entusiasmo que deriva de conocer vivencialmente estas realidades sacerdotales de gracia. Parte integrante de la propia espiritualidad sacerdotal es el compromiso de ayudarse con los demás hermanos del Presbiterio para la intimidad con Cristo, el seguimiento evangélico al estilo de los Apóstoles y la disponibilidad misionera. No sería posible captar el carisma sacerdotal si no hubiera esa urgencia y compromiso de ayuda fraterna.

 

A) Necesidad de formación permanente, espiritual, intelectual y apostólica, en íntima relación y amistad con Cristo:

 

La espiritualidad es vivencia de lo que uno es y hace. Es una “vida según el Espíritu” (Gal 5,25), en relación con la consagración y misión recibida del Señor. Así la describe el decreto conciliar “Presbyterorum Ordinis” (nn.12-18), la exhortación postsinodal “Pastores dabo vobis” (cap.III: la vida espiritual del sacerdote) y el Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros” (nueva edición, apartado II).

 

La identidad sacerdotal es vivencia de la propia vocación, que incluye la intimidad con Cristo y dispara hacia el servicio ministerial. Así lo describe  Juan Pablo II en Pastores dabo vobis:  “Él les respondió: "Venid y lo veréis" (In 1,39). Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él … Se les invita a profundizar el sentido original y personal de la vocación al seguimiento de Cristo en el ministerio sacerdotal y el vínculo inseparable entre la gracia divina y la responsabilidad humana contenido y revelado en esas dos palabras que tantas veces encontramos en el Evangelio: ven y sígueme (cfr. Mt 19, 21). Se le invita a interpretar y recorrer el dinamismo propio de la vocación, su desarrollo gradual y concreto en las fases del buscar a Jesús, seguirlo y permanecer con Él” (PDV 34)

 

El Año de la Fe es una fuerte invitación a considerar que “es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar…  También hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Benedicto XVI, Porta Fidei, n.7).

 

En la homilía de la primera Misa crismal celebrada por el Papa Francisco, se subraya la identidad sacerdotal como relación personal con Cristo: con vistas a darse como él: “Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido” (Misa Crismal, año 2013). “Sed Pastores, no funcionarios. Sed mediadores, no intermediarios” (Papa Francisco, 21 abril 2013, primera ordenación).

 

B) Vida sacerdotal evangélica al estilo de los Apóstoles:

 

La caridad pastoral es garantía de “unidad de vida” (PO 14), que armoniza la vida espiritual y la acción ministerial (cfr. PO 4-6). La caridad pastoral no es sólo disponibilidad para ejercer los ministerios, sino que consiste en ejercer estos mismos ministerios “infatigablemente en el espíritu de Cristo” (PO 13).

 

En toda la historia de la Iglesia, cuando se ha intentado la renovación sacerdotal, se hace referencia a los textos evangélicos del seguimiento de Cristo, tal como fue vivido por los Apóstoles: Mc 3,13-14; Mt 4,19; 19,21-29; Lc 5,11. Esta actitud incluye la caridad del Buen Pastor (cfr. Jn 10), y se apoya e inspira en la declaración de amistad (cfr. Jn 15) y en la oración sacerdotal (cfr. Jn 17). Es una aplicación de las bienaventuranzas (cfr. Mt 5) a la vida de quienes han seguido a Cristo dejándolo todo por él (cfr. Mt 19,27). Los textos conciliares sobre la santidad cristiana y específica para cada vocación (cfr. LG V, que se inspira en Mt 5), se concretan para la vida y ministerio sacerdotal en la “caridad pastoral”, expresada en las virtudes del seguimiento radical (cfr. PO 12-17).

 

Los ministerios, cuya práctica es esencial para la misión sacerdotal, tienen que realizarse no como funcionarios, sino “en el espíritu de Cristo” (PO 13). En la exhortación apostólica Pastores dabo vobis (cfr. cap. III) se han asumido estas enseñanzas tradicionales y conciliares, y se han calificado como “radicalismo evangélico” (PDV20, 27, 72), “al que está llamado todo sacerdote” (PDV 72), para ” (PDV 16; cfr. 12 etc.). Se comparte la misma vida de Cristo Sacerdote y Buen Pastor.

 

Cuando se ejercen los ministerios con la actitud del Buen Pastor, el corazón del apóstol está unificado y siembra unidad. Cada uno de los ministerios (proféticos, litúrgicos y diaconales o de servicios de caridad) son servicio de caridad (cfr.  Mt 28,19-20; Mc 16,15-20). Es la misma misión (no otra) que Cristo ha recibido del Padre y que él comunica bajo la acción del Espíritu Santo (cfr. Jn 20,21-23).

 

Benedicto XVI, al hablar de la falta de vocaciones sacerdotales, afirma: “Hace falta sobre todo tener la valentía de proponer a los jóvenes la radicalidad del seguimiento de Cristo, mostrando su atractivo” (Sacramentum Caritatis, n.25). El resurgir de las vocaciones necesita encontrar un grupo fraterno de vocacionados que vivan con gozo el seguimiento evangélico de Cristo con sus derivaciones misioneras.

 

En su primera Misa Crismal (2013), el Papa Francisco hace una descripción de la actitud sacerdotal: “El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor… en vez de ser pastores con «olor a oveja»”.

 

C) Comunión en el Presbiterio de la Iglesia particular, al servicio de la Iglesia universal:

 

La comunión y vida fraterna en el Presbiterio de la Iglesia particular, con el propio obispo, se convierte en apertura y disponibilidad misionera para la Iglesia universal. La “fraternidad sacramental” en el Presbiterio (PO 8) y a partir del Seminario (cfr, CIC, can,245), es fruto del seguimiento evangélico al estilo de los Apóstoles y lleva necesariamente a la disponibilidad misionera universal de la Iglesia particular.

 

Todo el proceso de formación inicial y permanente tiende a construir la “unidad” del corazón y de la comunidad eclesial como reflejo de la vida trinitaria. Entonces la fraternidad concretada en la vida de familia en el Presbiterio, es un  signo eficaz de la evangelización (cfr. Jn 17,21.23). Así está llamada a ser la comunidad apostólica (enviados “de dos en dos” (Lc 10,1), como memoria eficaz del mandato del amor. La invitación a la amistad con Cristo y a “permanecer en su amor” (Jn 15,9-17), como unidad de vida, es la base del testimonio apostólico: “daréis testimonio, porque desde el inicio habéis estado conmigo” (Jn 15,27). “Formar a Cristo” en los demás (Gal 4,19), como fruto de esta unidad en Cristo, es la esencia de toda pastoral. Esta unidad del corazón y de la vida personal y eclesial se fraguan en la contemplación de la Palabra y en la celebración y adoración eucarística (cfr. PO 5).

 

Sin el amor a la Iglesia, la vocación sacerdotal no podría perseverar y los ministerios no se ejercería según “el espíritu de Cristo” (PO 14). La comunión eclesial, vivida en la fraternidad del Presbiterio, garantiza la mayor eficacia de los ministerios y ayuda a descubrir y vivir la presencia de Cristo resucitado (cfr. Mt 18,20; Jn 13,35ss, 17,21-23; Hech 1,14; 2,42-47; 4,32-34).

 

La vida de “íntima fraternidad” en el Presbiterio es “exigencia del sacramento del Orden” (LG 28). Por esto se puede llamar "fraternidad sacramental" (PO 8), "mysterium" y "realidad sobrenatural" (PDV 74). Sólo entonces existirá la “familia sacerdotal” (ChD 28) o “verdadera familia” (PDV 74), que es el “lugar privilegiado” (Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, nueva edición, n. 36), donde el sacerdote necesita encontrar todos los medios de santificación y de apostolado.

 

Se necesita un “proyecto de vida” en el Presbiterio. "El Obispo es el responsable de la formación permanente, destinada a hacer que todos sus presbíteros sean generosamente fieles al don y al ministerio recibido… Esta responsabilidad lleva al Obispo, en comunión con el presbiterio, a hacer un proyecto y establecer un programa, capaces de estructurar la formación permanente" (PDV 79). Se trata de "sostener, de una manera real y eficaz, el ministerio y vida espiritual de los sacerdotes" (PDV 3). Es una gracia, que debe profundizarse y vivirse, la de pertenecer de modo estable a una Iglesia particular, asumiendo en ella las responsabilidades apostólicas locales y universales (cfr. PDV 74).

 

D) Disponibilidad sacerdotal misionera en su dimensión mariana y eclesial:

 

La ordenación sacerdotal tiene, por su misma naturaleza, esta apertura eclesial universalista.  “El don espiritual  que recibieron los presbíteros en la ordenación no los dispone sólo para una misión limitada y res­tringida, sino para una misión amplísima y universal de salva­ción « hasta los extremos de la tierra » (Act., 1,8)… la misma amplitud universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles” (PO 10). Por esto, “Preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procu­ran cooperar en el trabajo pastoral de toda la diócesis y aun de toda la Iglesia” (LG 28). El sacerdote no ha recibido la consagración para sí, sino para comunicarla. “El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias»… La unción, queridos hermanos, no es… para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón” (Papa Francisco, Misa Crismal 2013, comenta Salmo 133,2)

 

La dimensión mariana de la vida y ministerio sacerdotal es señal de autenticidad respecto al seguimiento evangélico y a la disponibilidad misionera. Cuando el concilio describe los medios necesarios para ser fieles al sacerdocio, ofrece una amplia motivación sobre su devoción mariana: “En la Santísima Virgen María encuentran siempre un ejemplo admirable de esta docilidad; ella, guiada por el Espíritu Santo, se entregó total­mente al misterio de la redención de los hombres; veneren y amen los presbíteros con filial devoción y veneración a esta Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles y auxilio de su ministerio” (PO 18).

 

Cuando San Pablo resume toda su acción pastoral diciendo “he de formar a Cristo en vosotros” (Gal 4,19), lo hace en un contexto de comparación con “la mujer” de quien ha nacido Cristo (cfr. Gal 4,5-7). Por esto, el apóstol puede compararse a una madre que “sufre dolores de parto” (Gal 4,19; cfr. Jn 16,21). Por esto se puede afirmar:La Virgen en su vida fue ejemplo de aquel afecto materno, con el que es necesario estén animados todos los que en la misión apostólica de la Iglesia cooperan para regenerar a los hombres” (LG 65). La misión de Cristo va siempre más allá de las fronteras de la fe.

 

                  AGENDA

Todos los días: La Casa Betania HORARIO  acoge para la oración, el acompañmiento espiritual, el encuentro fraterno... Además están programados los siguientes encuentros:

ABRIL 2019

 

18 de abril. JUEVES SANTO

18:00 h. SANTA MISA en la Cena del Señor (en el Santuario de Orito).

19:30 h. Oración en el Corazón de Cristo: "Permaneced en mi amor".

22:00 h. Oración de Getsemaní: "Quedaos aquí y velad conmigo".

Noche de oración.

 

19 de abril. VIERNES SANTO

8:00 h. Oración de la mañana: Laudes.

9:30 h. Contemplando el Rostro misericordioso de Jesús.

11:00 h. Oficio de Lecturas.

12:00 h. Acompañando a la Virgen María camino del Calvario.

14:00 h. Comida en silencio

15:00 h. Hora de la Misericordia.

16:00 h.  CELEBRACION DE LA PASION DEL SEÑOR (en el Santuario de Orito).

17:30 h. Via crucis y adoración de la Cruz.

20:30 h. Cena en silencio

 

20 de abril. SABADO SANTO

8:00 h. Oración de la mañana: Laudes.

8:45 h. desayuno en silencio

9:30 h. Santo Rosario acompañando a Santa María.

11:30 h. Oficio de lectura.

14:00 h. Comida fraterna.

15:00 h. Novena a la Divina Misericordia. Hora intermedia.

17:30 h. Meditación sobre la Pascua

18:30 Preparación de la Vigilia Pascual

21:00 h. SOLEMNE VIGILIA PASCUAL DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR (en Betania).

 

21 de abril. DOMINGO RESURRECCIÓN

10:00 h. SANTA MISA

18:00 h. Adoración eucarística.

 

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TODOS LOS MESES

Miércoles 18:00 h.: Encuentro espiritual de mujeres

Viernes 20:00 h.: Oración de la Cruz-Pascua.

Domingo 17:30 h.: Santa Misa, después conversación espiritual.

 

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